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Las tonterias de UrielMarch 10 No estaba muerto, que estaba de parranda...De vez en cuando se alinean los planetas y sigo escribiendo... Por si aún queda alguien a quien le sigue interesando, siga la flecha ;-) -----------------------> http://cuentosdeundemente.blogspot.com/ R.- December 30 Cocos- Gira ahora a la derecha.
La criatura obedeció y giró su enorme cuerpo en la dirección que Oliver
le había indicado, cortando el viento mientras sobrevolaban las islas.
Oliver era el único que iba detrás, sentado en una pila que había hecho
apelmazando y colocando cojines por su color y su tamaño.... ------- El relato completo aquí. ------- ;-) November 23 TrasladoOctober 14 Nubes- ¿Qué ves ahí?
- Un pez.
- ¿Un pez?
- Si, mira, eso es la aleta, y ahí tiene los ojos. - Tras dibujar el pez con su dedito señalando a las nubes, pintó en su boca la sonrisa mas grande que él había visto en mucho tiempo.
- ¿Y por qué estaría un pez tan arriba? - Lo dijo guiñandole un ojo, allí tumbados, mientras arrancaba pequeñas briznas de hierba con una mano y revolvía los rizos dorados de ella con la otra.
- No lo se. ¿Tu lo sabes, papa?.
- Claro.
- Cuentameloooooooooo, por favor.
- Pues ese fué el gran pez Pópolo, que soñaba con salir del mar para volar como lo hacían los pájaros. - La niña mostró una mueca de asombro como únicamente puede aparecer en la cara de una niña de cinco años.
- ¿Que le pasó a Pópolo?
- Sus padres siempre le habían advertido acerca de los pájaros, para que no se acercara a la superficie. Los pájaros a veces son malos y se comen a los peces, ¿sabes?. Pero Pópolo desobedecía a sus padres constantemente. Su sueño era volar también, y le fascinaba acercarse a la superficie para verles flotando por el cielo libremente.
Un día, pese a que todos le decían que no podría, decidió que intentaría volar. Pensó que cuando saliera a la superficie le crecerían alas, así que se fue hacia el fondo, cogió impulso, y empezó a nadar otra vez hacia arriba con todas sus fuerzas.
- ¿Y voló?
- Claro, tu acabas de verle. Pópolo tomó impulso, saltó fuera del agua, y nadie volvió a verle nunca dentro del mar. Todos pensaban que se lo había comido un pájaro, pero no fué así, y desde aquel día, cada cierto tiempo se le podía ver por unos momentos como una nube flotando en el cielo. Somos unos privilegiados por haberle visto. Mira otra vez el cielo.
- ¡Ya no está!
- Te lo dije, somos unos privilegiados. Así que cuando alguna vez veas una nube con forma de pez, acuerdate de que si lo deseas con mucha fuerza, tú también puedes conseguir tus sueños...
La niña se quedó muda, con sus ojos brillando de inocencia y admiración.
- Y ahora, ¿qué ves en aquella otra?
Su mente se encontraba en plena ebullición, y apenas tardó unos segundos en encontrarle parecido con algún otro animal, del que su padre siempre tenía una historia...
R.-
Otro cambio de temática, ya llevaba mucho sin escribir... Y francamente, no se que os parecerá, pero esta noche tenía ganas de volver, y a mí al menos me ha gustado el retorno...
September 29 Cerveza (Maldito: Epílogo)- Camarero, otra cerveza.
- ¿No estas bebiendo mucho?.
- Si, es cierto, ¿no estas bebiendo mucho?.
- Dejadme en paz... - Garold apuró la cerveza que tenía delante de un trago, esperando la siguiente. De repente arrancó a llorar como un niño pequeño. - ¿Por qué?. ¿Por qué?. ¿Por qué?.
- No pasa nada, grandullón.
- Si, es cierto, no pasa nada, no llores.
- Mira que habrá pocos... tal vez dos en el mundo... seguro que lo teníais planeado.
- No
- No. Yo no sabía nada. De verdad.
En ese momento apareció el tabernero con la cerveza, mientras Garold seguía haciendo pucheros. Se la bebió entera de un trago, apoyó la cabeza en la mesa y siguió maldiciéndose por su curiosidad y por su mala suerte, mientras la espada y las botas discutían de sus cosas....
FIN ;-)
R.-
September 27 Criatura (Maldito: Parte tercera)El gruñido y las pisadas fueron perdiendo intensidad poco a poco. Garold seguía con la misma postura, desafiante, esperando a la bestia secuestradora de cadáveres que habría de salir de la gruta.
Súbitamente volvió a escuchar el gruñido, esta vez mucho menos estridente, y de la oscuridad de la entrada pareció materializarse un hocico, seguido del resto de partes que formaban el cuerpo de un lobo. Su expresión mostraba una rabia dificil de contener entre los colmillos teñidos de sangre, pero toda apariencia feroz era burlada por su tamaño.
- Mmmmmmm. - Garold bajó la espada. - Ahí tienes a tu ladrón de cadáveres. -
- No deberías dejar tu postura, tiene pinta de fiero.
- Sí. Tiene pinta de fiero. Y su madre seguro que tendría mas. -
Dió un paso hacia delante y la fiera reculó un poco, mostrando de nuevo sus colmillos ensangrentados.
- Mira lo que hago. - Le dedicó una mueca burlona a la espada, abriendo la boca y guiñando un ojo.
- Que pretendes hacer, no seas loco, ¡¡que tiene colmillos!!.
Un grito que cualquiera hubiera identificado con la matanza de un animal o con una tribu salvaje emergió de la garganta de Garold, mientras corría hacia la roca haciendo aspavientos con la mano de la espada. La bestia feróz de repente centró toda su atención en algo que habría en lo mas profundo de la gruta y volvió corriendo en aquella dirección.
Por primera vez, a la risa de Garold se sumó la de su arma, que con su entonación hacía que pareciese un concurso de niños apedreando sartenes.
- Bueno, ¿puedo ir ya a la posada?. - No diría nada, pero las heridas que había sufrido antes no dejaban de molestarle.
- Todavía no has enterrado el cuerpo.
- Pero que cabezota eres, ¿pues no ves que ahora el cuerpo es de ese lobo?.
- Un caballero bajaría a darle sepultura al cuerpo.
- Un caballero no habría gritado como un poseso a un pobre lobo.
- Mejor me lo pones. Venga, vamos.
- Vale, bajaremos, pero si luego el lobo me ataca y tengo que matarlo, no protestes también.
Extrañamente la espada no hizo ninguna réplica.
Tras el rato que le costó improvisar una antorcha, la bajada fué sorprendentemente fácil. Pese a la apariencia externa de la gruta, al avanzar unos metros la grieta se ensanchaba, formando un camino descendente perfectamente regular. Poniéndo baldosas en el suelo y antorchas en las paredes, y limpiando la espesa capa de polvo de las paredes, podía haber pasado perfectamente por los subterráneos de un castillo. Y Garold les cogió un miedo irracional a esos sitios desde un pequeño incidente en el que conoció a su espada. Aún así, fueron las cacerolas las que sonaron en modo de protesta.
- Esto no me huele bien.
- Ya estamos. ¿De qué te quejas ahor.. - Un vuelco de su sistema nervioso, unido al pequeño salto que dió hacia atrás le impidieron terminar la frase. Tardó un poco en darse cuenta que el susto lo había provocado con su propia voz. Aquel tunel tenía una acústica por la que habrían matado muchos fabricantes de instrumentos musicales.
- Tienes razón, este sitio no es normal - Esta vez pronunció las palabras en un mero susurro, pero aún así, el pasillo se las devolvió a sus oidos como si de un grito se tratase. No parecía un buen sitio para contar secretos.
- Ahora puedo decirte lo que quiera sin que puedas responderme, ¿verdad?. No querras hacerte daño en los oídos.
Garold fulminó el arma con una mirada, pero ignoró la voz metálica que resonaba en su cabeza y siguió descendiendo por el corredor sin hacer más comentarios, con la antorcha dibujando sombras en las paredes que bailaban burlonas al ritmo que marcaban sus pisadas. Tras haber bajado una distancia mas que considerable, preguntándose cosas como a dónde llevaría ese pasillo y dónde estaría el centro de la tierra, terminó la pendiente y vislumbró la sala. No era muy grande, aproximadamente del doble del ancho del pasillo, pero al ser circular daba un aspecto mucho mas solemne que el resto. Lo único que había allí, era una columna con extraños grabados en el centro, y justo en la base de ésta, se encontraba el cuerpo. La bestia abominable se encontraba justo delante, protegiendo su festín, junto con otras dos criaturas de su misma especie pero aún mas jóvenes. Al entrar en la sala con la antorcha en una mano y la espada en la otra, extrañado, notó que los nuevos gruñidos y sus pisadas volvían a tener la resonancia que deberían.
- ¿Y ahora que?, ¿cuál es tu plan?, oh, espada sabia.
- Podrías asustarles, como hiciste arriba.
- Ya. Como no hacen los caballeros, ¿verdad?. Si al final te gusta mi estilo.
Garold se apartó del pasillo poniendose en uno de los extremos de la sala circular y dejó la antorcha en el suelo, confiando en que los lobos corrieran hacia la salida de la cueva. Sin mirar, apoyó una mano en la pared para afianzar su postura antes de su grito de guerra, y entonces, notó como ésta se hundía ligeramente entre la capa de polvo, y un trozo de roca cedió unos centimetros. Los grabados de la columna titilaron un momento en un tono dorado, sólo un breve parpadeo, y un estrépito resonó en toda la sala, inundándola de polvo y espantándo a las fieras, que echaron a correr de vuelta a la naturaleza olvidando el cuerpo que dejaban allí. Un trozo de la pared empezó a separarse de donde estaba unos momentos antes, formando una puerta abierta en el extremo opuesto a donde estaba Garold. Y la sala dejó de retumbar.
- Mira, grandullón, ¡has descubierto una puerta secreta!
Pero el grandullón tenía en la cara una mueca descompuesta y no respondió.
R.-
PD: Falta el epílogo todavía, antes de que me abucheeis ;-). Y nunca pensé que este relato pudiese llegar hasta aquí...
September 21 Cadaver (Maldito: Parte segunda)- Algo no va bien.
En cualquier otro caso, Garold habría reñido a su espada por incumplir su promesa de silencio, pero no en ese caso. Mas de una vez le habían salvado la vida aquellas palabras con ese peculiar acento de óxido. Se acurrucó instintivamente contra un arbol, escudriñando en la creciente oscuridad el tramo del camino donde poco antes había acabado con la vida de una persona.
- ¿Dónde está el cuerpo? no ha pasado mucho tiempo, y no hemos escuchado cascos de caballos, no puede haber sido la guardia de la ciudad. - Sus palabras eran un mero susurro. Nadie mas que él podía oir lo que decía su arma, pero por desgracia, Garold aún no había aprendido a comunicarse como ella y todavía necesitaba las palabras.
- Pues eso me gustaría saber a mi también. Esto no significa que te hayas librado de enterrarlo.
Con un resoplido de cansancio, Garold volvió a asomar la cabeza. Su vista empezaba a fallar por la oscuridad, pero no veía nada anormal. Al menos nada más anormal que la desaparición del cadaver, claro está.
- Deberías ir a mirar.
- Primero quiero inspeccionar el terreno.
- Alguien se lo habrá llevado y nos está sacando ventaja. Los muertos no andan.
- Ni las espadas hablan, así que callate ya de una vez y déjame a mi ocuparme de esto. Que encima es culpa tuya por hacerme volver.
- ¿¡Que!? ¿¡Culpa mía!? Mira, te recuerdo que...
- Tshhhh
- No me pienso callar, que lo sepas, estamos aqui porque tú eres un irresponsable que siempre hace lo que le viene en gana, no piensas en las consecuencias de tus actos, así nunca vas a...
- Ser un caballero, blablabla, ya me conozco tu discurso, ahora cállate.
Pero la espada no se calló. Por suerte, en momentos de tensión, Garold había desarrollado la concentración suficiente para ignorar las palabras que se pronunciaban en tono metálico. Lentamente, y pasando de un árbol a otro, se acercó a la zona donde un rato antes estaba el cuerpo. Un rastro de sangre se dirigía a través de unos arbustos al este, en dirección a un pequeño bosque de robles en mitad de aquella masificación de pinos y hayas.
Su tensión flaqueó el tiempo suficiente para volver a escucharla.
- Mira, hay que ir hacia el este.
- Dime algo que no sepa.
- Perdoneme el señor sabelotodo.
Empezó a rodear los arbustos, acercándose poco a poco al rastro que el cadaver había dejado en el manto verde del suelo. Siguió un rato esta dirección hasta que vió a dónde se dirigía. Unos metros detrás del bosquecillo de robles se erguía una formación rocosa, en parte oculta por la vegetación. Parecía como si el suelo, tan verde en esa zona, tuviera un chichón hecho de piedra. El rastro llegaba justo hasta una grieta, no mas grande del tamaño de Garold, que descendía en la oscuridad.
- Que mala pinta tiene esto. - La necesidad de comunicación de la espada parecía mayor que la del resto de especies conocidas.
- No me digas que ahora vas a ser tú quién tiene miedo.
- ¿Yo? ¿Miedo? te recuerdo que, como dices tú, soy un trozo de metal. El metal no tiene miedo. Es frio, letal, no siente el dolor. Así que no me vengas con esas.
- Que tienes miedo.
- Cállate.
- ¿Cómo?. Perdona, ¿Cómo? ¿Ahora eres tú quien me pide que me calle? Esto sí que tiene gracia. - Sin darse cuenta, la eufória hizo que Garold subiera el tono de su voz mas allá de lo que se consideraba recomendable en una incursión silenciosa. Se dió cuenta cuando la cicatriz que hendía la roca y servia como entrada, estalló en un gruñido estridente que pareció cortar de un plumazo toda la paz que pudiera albergar la noche.
- ¿Qué ha sido eso?
- Mierda. Pues creo que eso significa que es hora de utilizarte, así que portate bien. ¿No querías a tu ladrón de cadáveres? - Mientras escuchaba unas pisadas acercándose, Garold se alejó unos metros de la grieta, blandió el arma con una mano, y se preparó para enfrentarse a lo que fuese que estaba por salir.
Continuará...
R.-
PD: Iban a ser dos partes pero ahora van a ser tres, ala, xDDDD ;-) September 20 Bandido (Maldito: Parte primera)El cuerpo se derrumbó inerte sobre la tierra seca.
- Otra vez lo has hecho fatal - La espada era majestuosa. La hoja curva, larga, y tan afilada que podía cortar incluso el silencio. La empuñadura era entera de oro, con joyas que refulgían en infinidad de colores, mostrando un dragón con ojos de azabache exhalando un aliento de rubíes. Era una obra de arte magnífica. Pero su voz sonaba como el entrechocar de dos cacerolas.
- Pues el cadaver que hay en el suelo no es mío. No creo que haya ido tan mal.
- Si. Ya. Pero mirate el pecho y esa pierna, listo. Hasta aquel árbol tiene mejor juego de piernas que tú. - Tenía razón, la pernera derecha y la vieja camisa de Garold empezaban a teñirse de un tono carmesí.
- No son mas que rasguños, eso se cura dentro de un rato en la posada con unas cervezas. - Mientras hablaba, sus manos revolvían entre las pertenencias del cuerpo que tenía a sus pies.
- Pensarás enterrarle ahora, ¿no?.
- No.
- ¿Por qué?.
- Porque está anocheciendo y no hay tiempo. Y además era un bandido.
- ¿Y por eso le estás saqueando?.
- Si.
- ¿Y dices que él era el bandido?.
- Si.
- Pues viva el heroísmo.
- Déjame en paz.
- Y cuando termines, qué toca, ¿profanar cadáveres o violar doncellas?
- Pues como no te calles, lo que te va a tocar a tí es volver al castillo donde te encontré. O a lo mejor te vendo. Seguro que me darían un buen montón de dinero.
- Ya, seguramente. Pero está por medio el detalle de que estás maldito y no puedes separarte de mí. Vaya, yo sólo te lo recuerdo. Sin animo de ofender. No es por desanimarte. Siempre con mis respetos.
Garold inspiró y expiró varias veces intentando encontrar la calma mientras echaba a andar, siguiendo el camino serpenteante que les llevaba de vuelta a la cuidad. Y a la posada. A veces la espada le sacaba de sus casillas. Pero tenía razón, estaba maldito. No podía separarse mas que unos metros de ella sin que el dolor de cabeza fuera insoportable. En qué momento se le ocurriría investigar en el pasadizo. Por eso le llaman pasadizo y no pasillo. Si está detras de una puerta secreta, será por algo, para pasar de largo por ejemplo. Pero no, él tuvo que entrar a investigar, y luego pasa lo que pasa. Y a Garold le pasó.
- Eh. - El familiar sonido de cacerolas le sacó de su ensoñamiento.
- Cállate.
- ¿En serio vas a dejar allí a aquel hombre?
- ¿Si vuelvo y le entierro te callarás?
- Si.
- Un dia entero.
- Hasta mañana.
- Hasta mañana por la noche. Veinticuatro horas.
- Entonces no. ¿Qué mas me da a mi que dejes allí el cuerpo en mitad del camino?. Tú has sido quién le ha matado, debería cargar sobre tu conciencia. Seguro que tenía mujer e hijos, y que les encantaría encontrarse con el cuerpo allí tirado, con animales comiendoselo, o haciendo alguna de esas cosas que haceis los seres vivos, yo que se. Seguro que...
- VALE. Hasta mañana por la mañana, pero callate, por favor, ya voy. - Si le hubiesen preguntado en ese mismo momento, Garold habría asegurado que la espada tenía una mueca burlona. No habría sabido decir exactamente en qué parte podría tener eso un trozo de oro y metal, pero lo habría jurado por la dignidad de su propia madre.
Parecía que la noche iba a ser mas larga de lo normal.
Continuará...
R.-
PD: Ala, después de dos semanas sin tocar nada, vuelvo otra vez a las andadas... un poco oxidado, este relato tampoco es ninguna maravilla, pero cuando en un viaje en tren se me pasó por la cabeza la idea, me hizo la gracia suficiente como para materializarla ;-). Intentaré no perderme y seguir actualizando con mas frecuencia... La segunda parte de esto la tengo ya casi lista.
Y lo de siempre, saludos y gracias a los que os dejais el tiempo por aqui ;-)
September 07 Kanji. ¿Parte 1?Aquella mañana como todas desde las tres últimas, llegó el correo electrónico. Mismo formato que los anteriores. El mismo de siempre. Sin asunto, de una dirección desconocida, sin texto, y con una imagen distinta cada vez. Sabía que era una tontería pasarle el antivirus, pero aun así, lo hizo, como todas las mañanas. No tenía virus. Lo eliminó directamente.
La primera vez le hizo gracia abrir la imagen y econtrarse aquellos trazos de estilo oriental formando una palabra. Estaban de moda, la gente se los tatúaba por el cuerpo, aun sin saber lo que significaban.
Preguntó a sus compañeros de trabajo por el responsable de la imagen. Nadie sabia nada, pero ¿de verdad deseaba una respuesta?. Sara tenía uno de esos símbolos tatuados. Kanji. Un nombre. No le hacía falta mas, era un misterio, y le encantaban los misterios. Cuando empezó a buscar entre los kanjis y descubrió que existían alrededor de cincuenta mil, y que muchos eran similares hasta rozar lo absurdo, se desanimó. Pero siguió buscando, primero entre los mas típicos. Ese lo tendría alguien tatuado y esa persona sería quien le mandó el correo. O encontraría mas pistas después.
Cuando por la noche en su casa el sueño empezó a amenazarle, dió con la respuesta al enigma y se echó a reir. Había solucionado el reto. Risa. Precisamente ese era el significado, por fin lo encontró en una página. No le recordaba a nadie, pero ya saldría el culpable, solo era cuestión de tiempo.
A la mañana siguiente no apareció el responsable de aquel correo. Ni a la siguiente. Ni la de después. Poco a poco, mientras el juego y el misterio se deshacían tornandose en incordio, dejó de buscar significados. Madre, viento, luz, isla, cruzar. No tenían sentido, no componían una frase. Cada dia el símbolo era distinto, y la dirección que los mandaba también. Era una tontería bloquearla porque a la mañana siguiente le llegaría de otra, y se cansó de pasar noches enteras buscando sentido a unos trazos que no le reportaban nada. Tomandose como víctima del correo basura, empezó a ignorar completamente los correos. O podría decirse que lo hizo hasta que cambiaron de formato.
Cuando llegó por la tarde a casa, había un sobre debajo de la puerta. Blanco, inmaculado, sin remite ni remitente. Con un folio dentro del mismo color y unos trazos ocupando toda la página. Su sangre se congeló al instante. Aquel kanji no era de los mas típicos, pero tras semanas buceando entre ellos, reconoció su significado.
Mientras el suelo se lamentó de un impacto al encontrarse de repente con el sobre, unas manos temblorosas sujetaban débilmente el papel que habría de caer despues. Aquel simbolo, al igual que tiempo antes con la risa, también significaba lo que sentía en ese momento. Miedo.
R.-
PD: La verdad es que me pierdo un poco con este. No pensaba subirlo, lo escribí en un rato, pero la continuación me daría para hojas y hojas... He intentado hacerlo mas corto que el anterior, y lo he conseguido a costa de muuchas descripciones, alguna puede que necesaria, a lo mejor he pecado de hacer un telegrama, pero bueno... criticadme agusto ;-) September 03 LadrónEl espeso manto de nubes acechaba sobre su cabeza. Pendientes. Parecían a punto de descargar su infinito pesar sobre el pavimento, sin dejar que una pizca de claridad nocturna se filtrase a traves de ellas. Pero eso a él le favorecía.
Mientras las contemplaba embelesado, el tañir de una campana rasgó el silencio de la noche. Una. Dos. Las fué contando una a una, a sabiendas de la hora que era pero esperando una confirmación, por si el tiempo había decidido jugarle una mala pasada esa noche. El silencio que acompañó a la undécima, indicó que había llegado la hora. Todo estaba planeado. Como siempre.
El trabajo era fácil, solo tenía que escalar un poco, entrar por la ventana que daba al callejón, abrir la caja fuerte y llevarse el rosario. Ni siquiera la caja ofecía dificultad, estaba seguro que un niño de cinco años con buen pulso podría abrirla. Seguía sin saber por qué su cliente quería aquel rosario, pero ya tendría tiempo para indagar en ello mas tarde. Tampoco le importaba demasiado.
La señora Clois vivía sola, y esa noche la pasaría en el bingo con otro puñado de cincuentonas hasta altas horas. Tuvo tiempo de hablar con ella y estudiar sus costumbres. Estaba convencido de que todas las mujeres de esa edad se alegraban de hablar un rato con un chico jóven que aparece en su casa y les muestra un poco de atención. Tanto si se hace pasar por vendedor de seguros como por testigo de Jehovah. Y esa vez, como en las demás ocasiones, tuvo razón.
Todo iba perfectamente. Se escondió en el callejón, se puso el pasamontañas, los guantes, sacó sus herramientas, y comenzó el trabajo. Todo iba perfectamente, hasta ese momento.
No había nadie en casa, de eso estaba seguro. Lo comprobó minuciosamente. Abrió la caja fuerte, cogió el rosario, y lo dejó todo tal y como estaba. Nadie podría decir que hubiese pasado por allí. Pero cuando cerró la caja fuerte y se disponía a salir, con todos sus sentidos puestos en no dejar señal alguna de su presencia, allí estaba ella. Estaba seguro de que no podía estar alli, tranquilamente sentada en el sofá, en la pared opuesta a donde él había manipulado la caja fuerte, pero estaba.
Joven, atractiva, majestuosa, con aquel traje de noche que le llegaba justo por encima de las rodillas, dejando entrever la palidez de sus piernas cruzadas.Todo en ella era blanco, sus zapatos, con aquel tacón imposible, su pálida piel, su vestido. Incluso su cabello era de un dorado tan ténue, que en algunos destellos podía haber desafiado a la mas absoluta de las nieves, a sabiendas de que ganaría. Parecía una manifestación de la pureza. Si no tenías en cuenta los ojos. Esclavos del mismo tono inmaculado que envolvía el resto de su ser, excepto por el iris y la pupila, competamente negros, otorgando un aspecto antinatural, como si, mas allá de esos ojos, descansara el infinito.
No podía ser real. Se quedó perplejo, quieto, sin respirar ni mover ninguna partícula de su ser. Mantenía la esperanza de que aquella persona que adornaba de una manera tan espléndida el sofá, fuese una mala jugada de su cerebro. Pero aquellos ojos no se apartaban de él.
Y entonces, se dió cuenta. A su lado, en el sofá, descansaba una mochila exactamente igual a la que llevaba él a la espalda, pero abierta. Se dió cuenta, únicamente porque ella movió un brazo, lentamente, y sacó de ella un rosario idéntico al que acababa de coger de la caja fuerte. O habría sido idéntico, si no hubiera estado impregnado de sangre. Esta goteó del rosario sobre su vestido, ensuciando su imagen inmaculada, abofeteando la pureza que pudiera insinuar. El tiempo transcurrió, y mientras sus pulmones se habían puesto de acuerdo en mantenerle vivo, el resto de su cuerpo se negaba a moverse, embelesado con aquella imagen de rojo, blanco y negro que no le permitía siquiera pensar. Sus oidos captaron un sonido en la calle, pero este pasó de uno a otro sin dejar ninguna muestra de su paso. Y entonces, momentos antes de que el sonido de una nueva campanada inundara la noche, el rosario dejó de gotear, y ella parpadeó, y desapareció.
Su cabeza se llenó de cosas. Ideas, que pasaban y se iban tan rápido que a punto estuvo de perder el equilibrio. Se acercó a tientas a la ventana, moviendose a una velocidad con la que habría perdido todas las carreras que se le hubieran ocurrido contra un puñado de caracoles. Sin dejar de pensar ni de imaginar. Instintivamente echó mano a su mochila. El rosario estaba allí. Y la mujer de blanco no. Suficiente. Habría tiempo de pensar mas tarde. Pero algo no cuadraba. ¿Cuantas campanadas habían sonado?. ¿Cúanto tiempo llevaba allí?. Demasiado. Abrió la ventana y se dispuso a bajar, a volver a cualquier sitio mas seguro donde su imaginación no pudiera traicionarle. Y otra vez el rojo invadió su cerebro.
Algo había pasado en la calle. Había un cuerpo, totalmente inmovil. Por el aspecto que tenía, podía haber sido perfectamente una víctima de las bandas que rondan las calles cada noche. Pero, ¿Como había pasado eso?. ¿Cuando?. Ocurrió dos pisos debajo suya, tuvo que oir algo. Bajó lo mas rápido que pudo, se quitó el pasamontañas, y echó a andar fuera de aquel lugar. Mientras el viento le azotaba, y la amenaza de lluvia se hacía mas intensa, algo en su cerebro estalló. Una idea, mas fuerte que las demás, pudo alojarse por fin en su cabeza: ¿Que hubiera pasado si hubiera bajado antes al callejón?.
Le daba igual si la mujer de blanco había existido, si era una alucinación, un fantasma, o la diosa de los ladrones, protegiéndole. Le daba igual si se había quedado dormido o si el rosario no quería caer en manos de una banda callejera. Aquella noche volvería a casa, se daría una ducha y dormiría intentando no pensar en nada. Mañana tendría tiempo de pensar en la mujer de blanco y en qué hacer con ese rosario.
R.-
PD: Empezó como una idea cortita, pero se fué alargando, alargando y alargando, hasta el punto de dejarlo todo en el aire y totalmente abierto. No se si lo seguiré, la verdad es que me ha acabado gustando, aunque no describa en absoluto al ladrón. Podría montarme hasta una película a partir de aquí (Pablo, Javi, aplicaros cada uno el parche respectivo ;-)).
Así que nada, opiniones, críticas, y a ver si me dais vuestras propias interpretaciones de lo que pasó ;-)
August 31 ImpacienteSiempre he sido impaciente. No me preguntes por qué forcé la situación, porque no te lo diré. No me preguntes por qué podía mentar tan alegremente esos sentimientos, aun siendo tan pronto para tí, porque no lo sé. No me reproches no conocerme lo suficiente, pues no me lo creeré. La parte de mí que te ama nació hace mucho tiempo, quizás aún antes de conocerte. No podías pedirme que la silenciase hasta el "momento exacto", pues a ese, nunca le conoceré. Sé cuales son mis defectos, y este es uno de ellos. Se implantó en mi cabeza aún antes de que tuviera consciencia de quién era y me acompañará siempre. Asi que viviré con él, y sólo a él pediré explicaciones cuando recuerde por qué te perdí...
R.-
August 30 AguaCasi podía contar cada gota de agua.
Le encantaba caminar los días de tormenta. Así, sin paraguas, sin ataduras con forma de teléfono móvil, o reloj. Sin hora de partida ni de regreso más que la que él mismo quisiera ponerse. Y no regresaría hasta que el agua dulce que caía sobre él, le limpiara por dentro.
Mientras andaba sobre los adoquines, contemplando cómo cambiaban gradualmente de color por el agua, la gente a su alrededor corría desesperada buscando cobijo. Adultos, jóvenes, ancianos. Todos huían cuando el cielo lloraba. Pero entre todas ellas, vió también a una persona andando tranquilamente, como él mismo, sin preocuparle tampoco estar calado hasta los huesos. Cruzaron una mirada y descubrieron un brillo de complicidad. Eso bastaba. Aquel ser errante, sin nombre, también tenía pecados que limpiar bajo la lluvia.
Un par de calles mas adelante, llegó a su destino. El olor a tierra mojada, aun siendo la de un pequeño parque en una metrópolis de hierro y hormigón, le hacía sentir mas puro, menos miserable. Extendió los brazos bajo un roble, y comenzó a vaciar su cabeza de todo pensamiento mientras las gotas de agua caian sobre su cuerpo. Resbalaban por su cara, corrían inquetas buscando un precipicio por el que llegar al suelo, pero cada vez les resultaba mas difícil. Cada experiencia, cada desengaño, cada mala noticia, cada susurro o cada grito dicho en mal momento, cada amor perdido, cada trabajo rechazado, cada deuda por pagar, cada vida o cada muerte cercana, cincelaban una arruga mas en aquel rostro. A veces las arrugas eran imperceptibles, otras veces, insalvables, obligándo a las gotas a cambiar de rumbo precipitadamente, pero cada una de ellas era otra prueba más que debían superar antes de encontrar su destino en la tierra.
El tiempo, que siguió transcurriendo con la misma celeridad con la que lo ha hecho siempre, en algún momento despues se permitió decidir que el cielo cambiase de color. Poco a poco el tono gris fue disipándose para dejar paso a la luna y a los pequeños diamantes que aún brillaban con ella en el firmamento. Y poco a poco también, iba llegando la hora de volver a casa. Era posible que a la mañana siguiente tuviera una pulmonía, pero también tendría menos problemas por los que preocuparse...
R.-
August 28 RutinaFaltaban cinco minutos para que terminara su turno, y después haría como todos los dias. Iría al baño a cambiarse de ropa, se despediría del imbécil de su jefe, y saldría de aquel restaurante de mala muerte.
Luego, en la calle, sacaría su paquete de fortuna, y encendería un cigarro de camino al autobus. La mitad se consumiría en el suelo, el bus siempre era puntual, pero le daba igual. Al montarse, estaría allí aquel conductor moreno, con cara de salido, que le echaría el mismo vistazo obsceno de todos los días, como si estudiase si había cambiado alguna molécula de su pecho.
Veinte minutos después, llegaría a su calle, y esperaría otros cinco sentada en su portal, con un nuevo cigarro entre los dedos, a que pasara uno de sus vecinos del bloque de al lado.
Siempre le esperaba, hacía mucho tiempo descubrió que tenian turnos similares, y siempre, cuando pasaba, le dedicaba la misma sonrisa de niña de seis años, sin atreverse siquiera a abrir la boca para saludarle.
Daba igual, él ya tenía novia.
Mas tarde, entraría en el portal, en el ascensor, pulsaría el boton redondo con un cuatro, y este le transportaría a la puerta de su casa, de su mundo. Y cuando abriese la puerta, wilma ladraría y correría en circulos alrededor de ella, pidiendo juego, y comida. Como siempre. Por último, antes de dejar que la alcanzase el sueño con las mentiras y fantasías de la televisión, volvería a abrir aquella revista sobre alquiler y venta de pisos. Todas las semanas la compraba puntualmente, y si le pusieran un examen, podría decir el precio y número de habitaciones de casi cualquier piso en decenas de kilómetros a la redonda. Pero sólo miraba y estudiaba. Siempre con un fanatismo desmesurado, cual mirón al que le han regalado un agujero en la pared por el que ver todo lo que hacen el resto de sus vecinos.
Nunca se atrevía a dar el paso, siempre el miedo la hacía volver a la rutina. Miedo a no encontrar otro trabajo, miedo a cambiar la ruta de vuelta a casa, miedo a decirle algo a su amor platónico, por si la rechazaba, y perdia aquella mágia que le decía que él era el amor de su vida. De esta forma al menos mantendría la ilusión.
Y miedo a cambiar de vida, a vender aquel piso que le dejaron sus padres al morir, y comprar o alquilar otro en otra cuidad, en otro sitio lejos del restaurante, del conductor de autobus, y de la frustración de su amor.
Pero aquel dia, mientras se despedía de su jefe y salía por la puerta del restaurante para seguir con su rutina, algo pasó. Nunca supo si fue que el sol brillaba mas de lo normal, o que el aire transportaba algún tipo de sustancia, o tal vez, la ausencia de ella, pero decidió que debía hacer algo. Y aquella tarde, al salir del trabajo, empezó por coger el metro en lugar del autobús...
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August 22 BosqueEl sonido que arrancaban las hojas de los árboles al chocar unas con otras le ponía nervioso.
- ¿Cuánto llevamos ya aquí esperando?. Óscar se dirigía a Leo en un tono muy bajo y mirando a todas partes como si hubiera espías entre los arbustos que tenían enfrente.
- Ni idea, tío.
- Tampoco tenían que ir a fabricar la leña, sólo traerla.
Mientras hablaban, los rescoldos de la hoguera parecían moverse inquietos, como esperando comida para continuar alumbrando la noche que se cernía sobre ellos en aquel bosque.
- ¿Has oído eso?.
- ¿El qué?.
- Eso, tio, el ruido. Sshhhh, ha venido de aquellos arbustos, parecía la voz de alguien.
- Anda, dejate de rollos, tómale el pelo a tu padre.
Leo se levantó de repente, acercándose lentamente y con paso sigiloso hacia aquellos arbustos. Al menos, movía su cuerpo de manera que podía considerarse sigilosa, mientras sus pies iban aplastando pequeñas ramas a cada paso.
- ¿Pero qué haces? ven aquí, gilipoyas.
- Shhhh, ¿y si al volver con la leña les ha pasado álgo? - De repente se metió entre los arbustos y desapareció en la oscuridad del bosque.
- Leo.
- Leo, vuelve subnormal.
Se escuchó otro ruido, esta vez con mas claridad, desde la dirección opuesta a la que se había ido su amigo. Y no era la voz de ninguna persona.
Oscar se revolvió en su asiento improvisado con una piedra. Un escalofrío recorrió su columna vertebral hasta la base, y su frente empezaba a aparecer perlada de un sudor frío.
- Venga, salid ya de ahí cabrones, habeis hecho que Leo se fuera a buscaros por allí atrás- Habló otra vez muy bajito, en un tono casi imperceptible para sus propios oídos, mientras su brazo se estiraba para señalar a su espalda los arbustos por donde desapareció su amigo. Aún así, no dejó en ningún momento de mirar la zona por la que había escuchado el ruido. Tal vez por eso, cuando su mano tocó aquella cosa, su corazón estuvo a punto de pararse. Intentó recoger el brazo, lenvatarse y correr todo lo que le permitieran sus piernas. Pero sus piernas no le permitían movimiento alguno. Ni siquiera el resto de su cuerpo se puso de acuerdo en mandarle a su brazo una señal para que volviera. Lo único que sí hizo, en contra de su voluntad y de todo lo que podía considerar lógica, fue volver la cara lentamente hacia lo que fuese que estaba a su espalda. El cuello giró, mientras el mundo se paralizaba para que pudiera saborear aún mas el miedo que sentía. Y se encontró con eso.
Toda duda y lugar a la imaginación desaparecieron como consumidos en la hoguera, y Oscar comtempló lo que había tocado su mano. No mediría menos que él de alto. El cuerpo era de aspecto gris lechoso, y parecía rodeado por una cápa gélida de gelatina alrededor de la piel. Donde las personas tenían los brazos, aquella criatura también los tenía. Parecía un poco mas normal por ello, excepto si bajabas la vista. En los laterales del torso, a la altura del estómago, volvía a tener brazos de nuevo, y estos tenían apoyados los puños en el suelo, cerca de sus pequeñas patas, como si un gorila se hubiera cansado de serlo y pudiera convertirse en una aberración manteniendo sus costumbres.
Pero lo que realmente hizo que Oscar perdiese el conocimiento, fue la cara. Era del mismo tono y textura que el resto de la piel, pero no tenia orejas, ni nariz, cejas o algún tipo de cabello. Lo único que adornaba el óvalo de su cara eran dos ojos anormalmente grandes, negros como pozos de petróleo y de la misma viscosidad. Y colmillos. Ni siquiera vió si estaban atados a una boca, simplemente donde la gente tiene labios, aquella criatura tenía dientes afilados que sobresalían en todas las direcciones, mezclándose incluso unos con otros.
No pudo gritar. Mientras sentía que perdía el conocimiento, su última visión fue que los colmillos en efecto, se podían separar, mostrando un agujero mas negro que las tinieblas, y que los dos brazos superiores le agarraban de los hombros. Dejó de ver mas.
Mientras los padres de Oscar escuchaban de boca del médico su diagnóstico, - intoxicación aguda por alucinógenos -, Leo sacó la mochila de la habitación del hospital, y buscó en ella alguna sustancia que pudiera traerle aún mas problemas por hoy. Nada. No había nada. Registró la mochila entera, pero lo único que encontró fue una carpeta llena de dibujos y mas dibujos con aquellos personajes y criaturas que nunca existirían...
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August 20 Luz y OscuridadSu actitud cambió desde ese dia.
Siempre habían sido una pareja nefasta. A veces se preguntaba si había fracasado como padre. Sabía que tenía una mentalidad chapada a la antigua, como se decía en estos tiempos, pero le parecía la correcta. El camino a seguir. Todo el mundo ha de tener unos estudios, y ser responsable, y saber valerse por sí mismo. Y había fracasado. Su hijo empezó bien, pudo costearle colegios de pago, y estudiaba, siempre sacaba buenas notas.
Iba por el camino correcto.
Pero algo pasó, y empezó a desviarse. Nunca supo cómo ni por culpa de quién. Porque seguro que fué por culpa de alguien. Después de muchos años acabó dandose cuenta que al final, todo se reduce a las influencias. No supo corregirle a tiempo, y cada vez con más frecuencia llegaban malas notas, y al ir a buscarle le encontraba en su cuarto, tirado en la cama como si no hubiese ninguna preocupación en el mundo, leyendo aquellos libros, con dibujos macabros en la portada, o dragones, caballeros y princesas. Como si no existieran las hipotecas, los finales de mes, o los problemas laborales. ¿Acaso no se daba cuenta de cómo era la vida? ¿No llevaba años gastando suficiente dinero para educarle?. En aquellos momentos dedicaba todo su desprecio para ridiculizar sus hábitos e intentar devolverle al buen camino.
Pero no tuvo efecto.
Y cada vez se fueron separando más. Podía entender que su hijo no compartiese su única pasión, la caza. Pero no entendía qué era lo que hacía mal como educador, y nunca supo entender lo que hacía mal como amigo. Así que se resignó y dejó que el tiempo intentara hacer lo que él nunca supo hacer. Cada uno siguió su camino y parece que ese mismo tiempo fue forjándoles un poco a cada uno. Se definieron los caminos. Y eran como la luz y la oscuridad, sin saber definir exactamente cual era cual, ni a que senda pertenecía cada uno.
Pero algo cambió aquel día. Aquella tarde llegó del trabajo como el resto de las tardes desde hacía incontables años, y su hijo sin mediar palabra fué directo a él a darle un abrazo, sin ninguna explicación, pero con un brillo de tristeza en los ojos. Tiempo mas tarde se enteró del sueño que tuvo el hijo la noche antes del abrazo. Sueño en el que estaban ellos dos, él en una silla de ruedas, incapacitado, y su hijo llevándole a través de una montaña hacia un mirador en la roca desde donde se contemplaba el mundo bajo sus pies. Desde donde se observaban los ríos mas bellos y los bosques más verdes que cabían en la imaginación de una persona que no los había llegado a contemplar nunca en todo su esplendor. Y también se enteró de las últimas palabras que pronunciaba en aquel sueño, palabras en las que, acompañadas con lágrimas en los ojos, le decía a su hijo todas las cosas que les habían quedado por hacer, cómo ir un dia a cazar o a pescar los dos sólos, y que ya nunca podrían hacer. Y entonces fallecía.
Desde aquel día, desde el abrazo, cuando aún no sabía lo que pasaba, al mirar a los ojos de su hijo siempre veía un brillo de tristeza. Y aún después, cuando supo por boca de su esposa lo que pasó en el sueño, nunca llegaron a proponerse nada, esperando los dos, que algún dia, antes de que fuera demasiado tarde, se cruzaran los caminos de la luz y de la oscuridad...
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En mi búsqueda de la inspiración me he topado con esta historia... real... no es una maravilla de la literatura, ni tiene un final inesperado ni os soprenderá, pero buscando esa misma inspiración, me he dejado llevar por mis sentimientos y lo que habitaba en mis rincones oscuros, y he acabado escribiendo este pequeño homenaje a la estupidez que habita en los corazones, el mío el primero, y en definitiva, un pequeño homenaje a mi padre, con el que nunca me he llegado a entender...
August 13 SolitoMadrid, verano, sol, calor. Mucho.
Y vacaciones. Se que este año en teoría es cuando menos gente se ha ido, al menos de Madrid, pero a mi ayer ya me dejaron totalmente sólo. Ala. Mis compañeros de piso y de tonterias, cada uno desperdigado por la geografía andaluza... Y hasta la mayoría de los conocidos han emigrado. Y yo mas solo que pirri. Pero bueno, así tengo más tiempo para, a ver si es verdad, ponerme a escribir, que estoy últimamente un poco... "raro" y no encuentro la inspiración para ponerme (¿summon inspiration? ains). Ya he comprobado que en el trabajo, por mucho tiempo libre que tenga en las semanas que trabajo de tarde, es imposible. Ahora, eso sí, me he tragado entera la primera temporada de 24, que, a mi, por lo menos, me parece genial :-). Ah, también aprovecho para decir que estoy preparando, junto con la maravillosa colaboración de Sapphire, el guión para un comic. Es para este concurso, La temática y el estilo son libres. Yo me cargué gustoso el marrón de preparar un guión para Pablo, todo sea por intentar despertar su arte en letargo ;-p. Y ya os iré contando, si tenéis alguna idea/sugerencia, bienvenida es. :-) Saludos!! R.- August 03 SemanitaUfff, vaya
semana, tengo por ahi pendiente un relato que empecé a escribir, tengo
pendientes vueltas por algunos logs y comentarios pendientes (si, te
tengo que contar, sapphire), y me es imposible tocar nada. He vuelto de mi semana pasada de semi-vacaciones pero me he dejado todavía la cabeza allí en la playa, creo que es la primera vez que he "vuelto a casa" y que la he echado de menos. Pero a la casa en si, lo de la gente es más normal, pero yo echaba de menos ese salon, mi cama... ains, y ahora vuelvo a madrid, al zulo, y aparte de que sigo sin internet, esta semana estoy trabajando de mañana, y eso significa una cosa: que hay un huevo de trabajo. Y además con mis jefes dando vueltas, así que casi no he podido mirar ni tocar nada por aquí. Así que nada, paciencia. Esta mañana he cambiado el turno para poder ir a recoger mi portátil, que ya ha vuelto de entre los muertos, o de donde quiera que vayan los portátiles que se estropean, y a ver si cuento con la inestimable conexi... colaboración del vecino, y puedo conectarme al llegar a casa. Bueno, que ya me he escapado mucho tiempo, vuelvo al fantástico mundo del trabajador productivo, saludos!! R.- July 27 EspejosSiempre la misma rutina. Doce pisos. Doscientos sesenta y cuatro escalones que le conducían a su cubículo de trabajo en aquella inmensa mole de hierro y hormigón. Y su recuerdo mientras subía. Eso nunca cambiaba, siempre se acordaba de ella, su amor, su único amor, y la madre del hijo que esperaban.
No debieron tomar esa calle. Jamás tuvieron que entrar en el parque a aquellas horas. No debió ceder cuando ella le pidió que pasaran para recoger algunas de aquellas preciosas flores azules que sólo crecían junto al lago del parque y de las que nunca recordaba el nombre hasta que pensaba en otra cosa. Tampoco debió hacerse el valiente con aquel atracador escuálido y con mirada de animal herido que les vino siguiendo.
Pero no pudo preveer que después de avisar a su esposa para que se apartara, aquel hombre, aquel ser menudo y harapiento con una navaja del todo a cien, sacaría una pistola. Tampoco habría alcanzado a imaginar nunca que en el forcejeo el arma se dispararía, y ni muchísimo menos que aquella bala perdida, en su errático recorrido en busca de un lugar en que perderse, toparía por el camino con el cuello de su ángel, de su corazón, de la madre de su hijo y de su propia vida.
Todas las mañana subía por las escaleras para no encontrarse con ella.
Fue una semana después de la noche del parque, cuando de los ojos no podía brotarle mas que polvo, cuando empezó a verla. La primera vez se le paró el corazón delante del espejo del cuarto de baño. El frasco de aquel perfume que compró en su luna de miel se hizo añicos en el suelo, bañando sus zapatos con cristales perfumados. Trascurrieron segundos, minutos, hasta que recobró el control de sus articulaciones, y pese a la advertencia de su cerebro, se giró. Allí no había nadie. Cuando terminó de castigarse por aquella jugarreta de su cabeza, fue a por una fregona para limpiar el suelo de las pruebas de su estupidez y allí estaba ella de nuevo en el espejo, con aquellos ojos de infinita tristeza y un bebé en las manos, tapado con una manta inundada de ositos de gominola y de tigres de chocolate. Una mantita que seguía en la habitación reservada para el bebé que nunca la usó.
No aguantó aquella visión, y con un grito que no podía ser de este mundo, lanzo sin pensarlo los puños contra el cristal. Cuando despertó en el hospital no dio gracias a Dios por estar allí en lugar de estar en el suelo de su casa tiñéndolo de rojo. No dio gracias a los vecinos por alertarse de su grito y avisar a tiempo. Tampoco agradeció a los médicos que le hubieran curado los graves cortes que tenía en ambos brazos. Sólo podía intentar seguir llorando de rábia mientras cerraba los ojos para no mirar al espejo que tenía en la habitación del hospial, porque ya había comprobado que ella le esperaba allí.
Rompió todos los espejos de su casa, compró una maquina de cortar el pelo como las que tienen en las peluquerías y acabó con su media melena castaña para no tener que arreglársela nunca más. Empezó a dejarse la barba para no afeitarse. Pero siempre se encontraba con ella en algún sitio. Evitaba los ascensores, y hasta dejó de coger el coche cuando un día quiso sacarlo del aparcamiento y comprobó que tampoco podía mirar por el retrovisor. Intentó aprender a vivir con ello, pero era más de lo que podía soportar. Empezó a olvidarse de su propio aspecto. Fué a la tumba a rogarle perdón por ella y por el bebé. Llenó la sepultura de flores azules, y rogó y lloró hasta perder la voz, pero siempre volvían. Ella murmurando sin palabras, y aquella criatura envuelta en la mantita sin mover un músculo.
Cuando la cordura poco a poco se iba escapando de su ser, decidió por su cuenta lo que ella le estaba diciendo. Quería descansar en paz. Desde aquel momento, se armó con el revólver que guardaba en el lugar mas alto del armario de su habitación, y salió cada noche a buscar al asesino que la policía no había encontrado aún por encajar en varios perfiles. Todavía le estaban buscando, y seguramente el atracador hubiera preferido que le encontrara la policía. La diferencia habría estado entre pasar un tiempo entre rejas, o acabar con un cargador del calibre 38 a bocajarro en el pecho. Ocurrió lo segundo.
Guardó el revólver en su chaqueta y volvió a casa. Esta vez cogería el ascensor. Entró con miedo y mirando directamente al frente. Estaba sólo. Cerró los ojos y dió gracias a todas las deidades en las que alguna vez ha creído alguien sobre la tierra.
Se giró y pulsó el botón que le acercaría mas a su casa, pero tuvo un irrefrenable impulso de volver a mirar en qué había acabado. En ese primer instante fugaz ni siquiera se había reconocido.No podía ser aquel ser con la cara demacrada, sucia, y cargada de arrugas que se asomaba desde el otro lado del espejo. Pero estaba sólo, y si las leyes de la física no engañaban, los vivos seguían reflejándose. Pero cuando quiso comprobarlo, se le heló la sangre. Alli estaban. Ella con sus ojos tristes y su inmortal susurro sin palabras, el bebé siempre arropado por los animales de gominola y chocolate, y al lado aparecía otra persona, con los eternos ojos de animal asustado, su delgadez, y sus seis agujeros de bala en el pecho.
El "cling" que anunciaba el final del trayecto del ascensor se solapó con el martilleo del revolver mientras intentaba sin éxito alojar una bala en la sien de su dueño. Pero no quedaban mas balas, todas estaban en el pecho de un atracador sin nombre, en un parque lleno de flores azules. El vecino que esperaba por casualidad el ascensor en la misma planta en que vivía el pobre viudo que se cortó los brazos con el espejo, el que intentaba suicidarse en esos instantes, no dudó en avisar a la policía.
Y meses mas tarde, cuando se descubrió el asesinato, le declararon enfermo mental y le alojaron en una habitación acolchada, cuando toda razón escapó de su cabeza y las drogas que le suministraban le hicieron olvidarse de asesinatos y sobre todo, de culpables, sólo entonces, los muertos y los espejos descansaron en paz.
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Venga, sigo pidíendo críticas, fallos, cosas que están bien y cosas que no. Creo que abuso mucho de los verbos en pasado, tendré que arreglarlo. Mi temática sigue siendo oscura y relacionada con la locura, pero... ¿que podéis esperar de mi? ;-)
Un saludo y gracias a quienes me leeis. July 24 Algún cambioBueno, esta vez el post sólo va para informaros de que tengo previstos cambios en el blog, pero de momento he añadido ahí a la izquierda otra lista, esta con webs de dibujantes que me encantan. De momento hay pocos, fueron los cuatro que mas rápido me vinieron a la cabeza, a cada cual mas bueno... aunque si tuviera que hacer una escala, Linda Bergkvist (Furiae) y Lockwood, los mejores. De todas formas, ya iré añadiendo más...
Ah, y si os preguntais porque voy poniendo casi todo a la izquierda, que un día la barra para bajar será interminable, es porque me mola que se vea la rana :)
Saludos, y aunque haya puesto esto, sigo bastante interesado en los comentarios del post anterior, eh? ;)
R.- July 23 LunaFrio.
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Vale, llevaba ya tiempo decidiéndome por escribir algo, y es mi primer "relato", agradezco críticas de todo tipo, ;) un saludo.
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